
Abrí los ojos lentamente. La radiante luz del sol penetro en mis ojos, provocando que cerrara los parpados durante unos segundos, hasta que mis pupilas se acostumbraron a la luz. Gire la cabeza hacía la derecha para poder ver la hora en el despertados que estaba encima de la mesita. Solo eran las nueve y media, y no tenía nada de sueño. Apreté las sabanas con las manos, haciendo que se arrugaran.
No me apetecía levantarme. ¿Para qué? No tenía nada que hacer en absoluto. Ya no. Desde que Jacob se había marchado nada tenía sentido, y me encontraba sumamente desganada. ¿Cómo puede doler tanto estar lejos de alguien que te importa? Mi vida era un completo desastre, sin él estaba perdida, y estaba segura de que jamás volvería a encontrar el camino. Y aunque estuviera dolida por lo que me había hecho, necesitaba verle. Después de pensarlo un rato, decidí que lo mejor sería levantarme. Ya había sido bastante patética las últimas semanas, quedándome en cama día sí, y noche también. Así que me destape y camine hasta el baño.
Me di una corta ducha de agua caliente, esperando que eso me calmara. Seguidamente camine hasta mi armario y cogí la ropa. Unos vaqueros oscuros y una chaqueta de color morado claro. También me calce con unos zapatos abiertos de color negro, a juego con el pequeño lazo que me recogía el pelo en una coleta. Salí de mi cuarto y baje las escaleras con paso lento.
Cuando llegué al salón, me di cuenta de que mis padres estaban allí. Ambos. Pensé que se habrían marchado a ver a mis abuelos. Al verme, mi madre me dirigió una mirada entristecida. Mi padre hizo lo mismo, solo que la suya iba cargada de un ligero toque estricto. Era consciente de que mi actitud les estaba sentando mal, y de que si estaban tan desanimados era porque llevaba semanas deprimida, pero… ¡Es que todo era su culpa! Bueno, al menos… la gran mayoría.
Me acerque sin decir nada hasta la encimera de la cocina, pegué un saltito y me senté en un taburete de madera. Mi madre, el verme, se acerco ligeramente a mí y hablo por primera vez.
- ¿Te apetece algo de comer, Renesmee?- pregunto ella, suplicante.
Llevaba semanas comiendo demasiado poco, ya que apenas tenía apetito. Además, lo único que solía ingerir había sido sangre animal.
- Claro…- cedí finalmente.
Espere unos incómodos minutos en silencio hasta que mi madre me sirvió el desayuno. No era nada especial, solos unos cereales con leche y un zumo de naranja de tetrabrik, pero aun así, le dije gracias en un murmullo, que ella pareció oír, pero no respondió.
Mientras terminaba mi desayuno, note como mi padre y mi madre estaban murmurando cosas por lo bajo, con aire misterioso, los dos, sentados al lado en el sofá. Decidí finalizar lo más pronto posible, ya que temía que lo que estuvieran planeando tuviera algo que ver conmigo. Dejé los platos en el fregadero y me dispuse a salir para dar una vuelta por el bosque cercano. Y si algo bueno tenía Canadá, eran sus hermosas y placidas masas forestales. Además, aquella zona situada al norte, en las afueras de Dawson, tenía unos paisajes muy parecidos a los de Forks.
- Voy a salir a dar un paseo, volveré a la hora de comer…- masculle, informando más que pidiendo permiso a mis padres.
- Espera…- dijo mi madre, poniéndose en píe,- Primero tenemos que hablar contigo.
- ¿Qué?- y le mire extrañada,- ¿Hablar de qué?
- Veras…- murmuro mi madre, acercándose a mí y guiándome hasta el sofá. Me hizo sentarme, y entonces volvió a situarse en frente de mí, sentada junto a Edward,- Tu padre y yo hemos estado hablando… y al final hemos decidido que esto no puede seguir así…
- ¿Qué quieres decir?- pregunte fría.
- Tu madre quiere decir…- prosiguió mi padre,- Es que debido a tu comportamiento hemos decidido tomar una decisión. Y la hemos valorado mucho, pero sabemos que es lo mejor para ti, y quizás… lo mejor para todos.
- Entiendo...- respondí,- ¿Y cuál esa decisión?
Bella soltó un suspiro.
- Hija… notamos que estas triste, y eso nos duele mucho. Todos estamos muy preocupados, tus tías y tíos incluidos, por no hablar de tus abuelos. Por eso, creemos que lo mejor es que cambies de aires. Creo que un tiempo lejos de aquí te vendrá bien para acostumbrarte a nuestra nueva situación…
- ¡Vais a enviarme de nuevo a Forks! ¿Con Jacob?- la interrumpí emocionada, pero enseguida cruzaron las miradas.
- No hija… eso solo te haría esto más difícil. No vamos a enviarte a Forks a ver a ese…- hizo una pausa,- A Jacob…
- Entonces… ¿A dónde?- pregunte desanimada. Era demasiado bueno para que fuera cierto.
- Carlisle se ha puesto en contacto con un viejo amigo, en Francia. Es un clan como nosotros, solo se alimenta de sangre de animal. Son pacíficos, igual que nosotros. Pensamos que… podrías pasar un tiempo allí, como unas vacaciones- contesto mi padre con tono resuelto, y la idea causo en mí un efecto neutro.
- Solo seria por un mes…- susurro mi madre, intentando convencerme,- Te lo pasaras bien…
Yo no conteste enseguida. Mire al frente, valorando cual era mi situación. Ir a ver a Jacob era algo que causaba sensaciones contradictorias: en mí por una parte, deseaba sentir sus cálidas manos en mi piel, verle sonreír y escuchar su voz, sin embargo, aun estaba demasiado molesta por lo que me había dicho. Fue algo que me pillo totalmente de sorpresa. Fue algo horrible.
- ¿Tengo elección?- les pregunte.
Y al ver sus rostros, comprendí, que la respuesta era un "No" y que su supuesta proposición, no era en absoluto una sugerencia.